estación central, el nuevo libro de eugenio dávalos

La conciencia de la singularidad de existir como el combustible de nuestra soledad esencial. La separatidad esencial. Pero no una soledad lacerante o inmovilizadora. No me dejó esa impresión. Siempre va hacia algún lado con las manos en los bolsillos esperando el milagro de la comunión con los otros. Se trata de un personaje que camina por los pasadizos y calles de Estación Central; que observa; toma notas y acepta las cosas como vienen. Sucede que la disolución de la distinción sujeto-objeto se torna una obsesión en el discurso del personaje al extremo que no puede escapar de la melancolía, de cierto amor a la muerte y con ello, a la noche abierta que se traga a los que van quedando en el camino.

Estación Central parece ser el infierno y el paraíso por el cual ha pasado el personaje, pero no estamos seguros que la iluminación que llamaremos no-yo, haya sido producto de esas experiencias. Tiene algo de escogido, de aún más singular que la propia existencia. Porque todo es más incierto y carece de sentido pretender descifrar el código del poema, sobre todo de este, que sin duda en notable:

Singularidad

Me propongo tomar el ritmo de mi sangre
Y dentro de una bolsa de basura
Meter la mano
En un gesto carente de sentido
De allí no sacaré la tarjeta que dé cuenta de mi destino
Ni poemas que hablen de mi minúscula vida
Más bien es un gesto en el vacío de un cuarto
La broma macabra: perdimos la lucha
Regocijados por el calor que produce una taza de café

Estamos solos
He ahí la certeza
No vamos a descubrir la pólvora
Esta singularidad es única en el universo
Borrachos podemos patalear en un charco luego de la lluvia
Es la singularidad de uno ante la muerte

Le damos las gracias a Eugenio Dávalos Pomadera por habernos revelados esas voces.


Marcos López Oneto

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